jueves, 18 de junio de 2026

 

Explico mi voto:

Por Armando Pérez Araújo

En primer lugar, reconocer que sólo hay dos nítidas opciones en el juego electoral del próximo veintiuno de junio: Cepeda, por un lado, apertrechado con las charreteras de su impecable y evidente trayectoria de luchador social y político, que constituye su itinerario y agenda de reconocido Defensor de los Derechos Humanos, asunto que lo hace diferente e inequívocamente nuestra única convicción electoral, con más veras si la otra candidatura, de ninguna manera atractiva y coherente, representa absolutamente todo lo contrario a intereses de negros e indígenas que a lo largo de mi vida he venido defendiendo y promoviendo. Puedo decir, entonces, que para decidir mi voto por Cepeda tuve la ventaja de que su contrincante me la puso fácil, toda vez que su facundia y verborrágica manera de expresarse y mostrar sus intenciones y programas me reveló y anticipó sus estratégicas y no muy sanas intenciones, en caso de llegar a ser elegido presidente. El rival de Cepeda, por ejemplo, para alardear su pensamiento político no tuvo que desgranar públicamente sus intenciones en auditorios de universidades públicas y privadas colombianas, tampoco en los del empresariado colombiano o de los sindicatos de los trabajadores, ni siquiera a través de sus discursos en las audiencias de los tribunales y cortes del país, tampoco escribir columnas en revistas o periódicos especializados, para exhibir su vocación entreguista a la más ambiciosa potencia extranjera, porque sus explícitas y estridentes manifestaciones de adulador y apologista del poderío norteamericano en sus redes sociales, fueron suficientes para saber que no estaba a favor de los intereses de la patria nuestra, sino del lado de los intereses de la patria que él juró defender, los de la patria gringa, que ni siquiera son los de la patria del pueblo norteamericano, sino, los de los potentados estadunidenses regidos por los intereses inferiores de sus transnacionales negocios. Además, el competidor de Cepeda, me sirvió en bandeja su anuncio y clara amenaza contra el corazón de las minorías colombianas, cuando en su lenguaje chabacano difundió como una de sus tontas peroratas, en términos de seguridad pública interna, diciendo que él “no come de negro ni de indio”, queriendo advertir con ello que él desconoce y rechaza el rutinario tratamiento constitucional, flexible y democrático que las autoridades nacionales le han venido otorgando a indígenas y afrodescendientes, en desarrollo del transversal principio de respeto a la diversidad étnica y cultural, cuando salen o salgan a las calles a protestar o reclamar por sus derechos e intereses conculcados.  A ciertos amigos míos, de esos que se las pasan pegados a las redes, sin mayores filtros éticos e intelectuales, se les ocurrió pretender ensuciar las probabilidades electorales de Cepeda con las máculas y prontuarios de conspicuos miembros ciertamente cercanos de su campaña local, incluso, de pretenderlos asociar con la génesis de esa candidatura presidencial, pretensión de ninguna manera aceptable, inclusive, de querer injustamente achacárselos al gobierno del presidente Petro. A ellos tuve que pararlos en seco y explicarles con la mayor facilidad que al gobierno del Presidente Petro, arribaron buenos y malos, atraídos por una amplia apertura democrática, también por el amplio abanico de beneficios sociales del primer gobierno de izquierda, incluso, en gran medida por eso, y también por errores aceptados por el propio presidente Petro como suyos, como haber montado al curubito del gobierno nacional a personajes de pésimos antecedentes y dudoso desempeño como la exministra Cecilia López y el exministro Ocampo, quienes de contera cargan con el lastre de haber contribuido hace cuarenta años al despojo de tierras del pueblo wayuu para obsequiárselas ilegalmente a la familia Rockefeller, con la finalidad de hacer lo que después fue Puerto Bolívar, asunto que dio lugar al trámite restitutorio de tierras que cursa en el despacho del señor presidente, dentro de una petición nuestra para corregir ese equívoco, a propósito del Cierre de Mina justo y ético que defendemos. O, aquélla pifia de haberle obsequiado ingenuamente a su ministro del interior de entonces, caracterizado político santista, Prada, la facultad de designar a su gusto gobernador para La Guajira, para reemplazar al destituido Nemesio, decisión que desarrolló con esmerado sesgo. Igualmente, no hallé obstáculos para convencer a mi pequeño grupo de amigos votantes que Petro, ni mucho menos Cepeda, tienen que ver con la responsabilidad política que probablemente sí le cabe a gran parte de los dirigentes políticos del departamento por la división local de la izquierda y algunos temas eminentemente éticos de la política doméstica. Ah, y lo más convincente y demoledor de mis argumentos fue decirles y explicarles que nada de lo que decía el adversario de Cepeda contra éste gozaba de la más mínima credibilidad y, contrario sensu, las afirmaciones del barbilindo, al momento de irse a verificar resultaban siendo desmentidas por él mismo, por ejemplo, cuando reconoció no haber nacido en un pueblo campesino del departamento de Córdoba, sino en una fría clínica del norte de la ciudad de Bogotá. No deseo seguir, para no meterme en otras honduras, sólo explicar mi voto a la presidencia por Iván Cepeda y por Ayda Quilcué a la Vicepresidencia.

jueves, 11 de junio de 2026

 

La Guajira, 11/06/2026

 

Señora

Rosa Yolanda Villavicencio Mapy

MINISTRA DE RELACIONES EXTERIORES

República de Colombia

BOGOTÁ D.C.

 

Asunto: Derecho de Petición de consulta e información sobre las implicaciones jurídicas derivadas de la ciudadanía estadounidense atribuida públicamente al señor Abelardo de la Espriella y su eventual incidencia respecto de la Presidencia de la República.

 

Yo, Armando Pérez Araújo, ciudadano colombiano, identificado como aparece al pie de mi firma, actuando en ejercicio del derecho fundamental de petición consagrado en el artículo 23 de la Constitución Política y Ley 1755 de 2015, invocando el interés general de la sociedad colombiana, respetuosamente me permito formular las siguientes consultas y peticiones:

Hechos que motivan la consulta:

Diversos medios de comunicación y declaraciones públicas del personaje han informado que el señor Abelardo de la Espriella Otero ostentaría, además de la nacionalidad colombiana, la ciudadanía de Estados Unidos con implicaciones institucionales que también se han hecho públicas, protagónicas y notorias, además, social y políticamente protuberantes.

Considerando que el mencionado ciudadano ha manifestado públicamente sus aspiraciones presidenciales, incluso, haciendo alarde y derroche de su condición de ciudadano y súbdito norteamericano, y que la cuestión involucra asuntos de nacionalidad, relaciones internacionales y eventuales implicaciones constitucionales, resulta de interés público obtener claridad institucional sobre el alcance jurídico de tales circunstancias, máxime si recientemente una importante cantidad de personalidades del mundo del derecho colombiano ha hecho pública una interesante y preocupante declaración al respecto, a la cual adherimos integralmente.

Solicitudes:

Indique si el Ministerio de Relaciones Exteriores tiene conocimiento oficial de que el señor Abelardo de la Espriella ostente ciudadanía estadounidense o cualquier otra nacionalidad distinta de la colombiana.

En caso de que dicha información repose en registros oficiales o sea verificable por canales institucionales, informe cuál es la situación jurídica correspondiente.

Precise si la adquisición voluntaria de la ciudadanía estadounidense implica la asunción de deberes de fidelidad, lealtad u obligaciones jurídicas frente a los Estados Unidos de América.

Indique si, a juicio jurídico e institucional del Ministerio, tales deberes son plenamente compatibles con el ejercicio de la Presidencia de la República de Colombia, incluso, si a juicio jurídico e institucional de ese Ministerio, tales obligaciones resultan inaplicables o inocuas en el evento de que el susodicho personaje termine siendo Presidente de la República.

Señale si la legislación colombiana, los tratados internacionales vigentes o la doctrina oficial del Estado colombiano contemplan eventuales conflictos de deberes derivados de la doble o múltiple nacionalidad cuando una persona ejerce la jefatura del Estado colombiano, especialmente si una de esas nacionalidades es la de Estados Unidos.

Informe si existe algún concepto, pronunciamiento o antecedente oficial relacionado con la posibilidad de que un ciudadano colombiano que haya adquirido voluntariamente la ciudadanía de otro Estado ejerza la Presidencia de la República.

En caso de que el Ministerio considere que carece de competencia para pronunciarse sobre alguno de los anteriores aspectos, indique expresamente cuál es la autoridad que, a su juicio, sí posee competencia para hacerlo.

Solicitud documental:

Solicito copia electrónica de los conceptos, estudios, memorandos o pronunciamientos oficiales relacionados con las materias consultadas.

 

Atentamente,

 

           

Armando Pérez Araújo

CC 17171492 de Bogotá

miércoles, 3 de junio de 2026

 

Farsantes

Armando Pérez Araújo

No me voy a referir al candidato presidencial que pretende exhibirse como defensor de la patria, sabiendo que jamás ha sido nada de eso, que él nunca ha sido protagonista de la defensa y promoción de las libertades, ni de valores fundacionales de nuestra democracia, como él lo predica habitualmente en sus discursos aprendidos de memoria. Aunque, contra mi voluntad abordaré un tópico relativo al acento que la ex precandidata Claudia le añade a su cuestionamiento al inquietante e incómodo ejercicio profesional del abogado Abelardo, alejándome del criterio suyo de que lo malo de él, según ella, sea que el susodicho jurista se ha erigido apoderado esencial de ciertos personajes de la farándula financiera y de reconocidos actores de la emblemática y escandalosa delincuencia común. Hasta ahí puedo decir que puedo meter la mano a favor de él, porque no le veo ningún problema legal al litigio y fortuna del acaudalado colega a favor de clientes adinerados y presuntamente untados de ilegalidad, por ese simple y puro motivo, advirtiéndoles a quienes censuran esa conducta al fogoso colega por el manejo de ese tipo de vínculos, que la norma del Tratado sobre Principios Básicos Sobre la Función de los Abogados, adoptado por el Octavo Congreso de las Naciones Unidas sobre Prevención del Delito y Tratamiento del Delincuente, de La Habana, Cuba, 07 de septiembre de 1990, dice en su numeral 18 la siguiente prerrogativa: Los abogados no serán identificados con sus clientes ni con las causas de sus clientes como consecuencia del desempeño de sus funciones”. Otra cosa, agrego yo, sería que de los detalles de la cuidadosa lectura de sesudas investigaciones periodísticas, como las de los periodistas Yoir Ackerman y Daniel Coronel, por ejemplo, se infieran implicaciones penales, transgresiones del régimen monetario internacional por fuera de la licitud del ejercicio de la abogacía, lo mismo que conductas propias del simple cómplice, que podrían ser verdadero apoyo intelectual a los principales beneficiados del delito o autores principales. Tampoco me ocuparé en gastar mi tiempo denigrando contra los entrometimientos de Marco Rubio en la política latinoamericana, ni mucho menos criticando al tristemente célebre senador Bernie Moreno, ciudadano ex colombiano que practica el deporte de escalar posiciones dentro del establecimiento imperial de Estados Unidos a punta de linchamientos y agresiones a los demócratas de nuestro país, según se dice, por cuenta de choques relacionados con temas asociados a sus propios intereses o prontuarios en Colombia. De ninguna manera me referiré en lo más mínimo al ultraderechista turco de Maicao, sea natural colombiano o extranjero, que viene haciendo política, también plata con la política, sin observar respeto por señal alguna de los semáforos de la ética, la moral política, ni siquiera de los límites que le imponen las normales tendencias de sus paisanos, respetuosos de los cánones o preceptos locales, de ninguna forma desbordados abelardistas como él, mucho menos favorable a la desabrochada injerencista doctrina Trump frente a la Colombia independiente que queremos, lo cual pondría en aprietos a la propia estabilidad y legitimidad de sus propios paisanos árabes.

Pero lo que sí deseo resaltar es que los que definitivamente se comportan como empedernidos falsarios o farsantes, son aquellos que se colaron a los intestinos del alto gobierno de Petro y después se las tiran de independientes, incluso de distinguidos y conspicuos miembros de la derecha, o los que por la magia de la improvisación de las listas cerradas entraron al Senado y no se han dado por notificados desde cuando llegó la campaña presidencial, o quienes, como el Procurador General de la Nación, que se hace el de la vista gorda cuando son los amigos de sus amigos los que incurren en faltas gravísimas disciplinarias, caso concreto, del intocable gobernador Jairito, que desde hace varios meses fue querellado por el suscrito por evidente violación gravísima a las normas disciplinarias, sin que a estas alturas le haya pasado nada, faltas que fueron mucho más graves, verbi y gracia, las del locuaz gerente Carlos Carrillo, que fue suspendido por fulminante rabia y hastío del jefe del Ministerio Público. También considero falsarios y farsantes quienes celebran con bombos y platillos que el presidente Petro sea cuestionado por participación indebida en política, cuando censura la amenaza ejercida contra la institucionalidad colombiana y, al mismo tiempo, rechaza las probabilidades de que llegue de nuevo otra peligrosa era fascista y paramilitarista al país, disfrutando cada vez que el genocida e injerencista presidente estadounidense amenaza con interferir en Colombia, o cuando lo hace contra nuestro hermano pueblo venezolano.

lunes, 1 de junio de 2026

 

Poseemos Problemas

Por Armando Pérez Araújo

Lo voy a decir desde un principio y sin ambages, refiriéndome a lo palpado en La Guajira y sin descartar que lo mismo hubiese ocurrido en el resto del país. No ganó el tigre en la primera vuelta porque hizo mejor campaña que Cepeda. No señor. Cepeda fue más lúcido y certero durante toda la campaña, era eso, precisamente, lo que inequívocamente registraban las encuestas. Digámoslo también de arrancada, es absolutamente errado repetir el desacertado diagnóstico de que a Cepeda no le lucía bien el uso del famoso papelito para leer sus discursos. Déjenme decirles que fue mucho mejor el beneficio del rigor y seriedad del nunca bien ponderado papelito que el papelón del efímero ganador de la primera vuelta, porque éste se limitó a alborotar el cotarro político y jamás a exponer sus tesis de transformación o cambio, salvo la clara regresividad de sus posturas y su antipático, monotemático y militar firme por la patria. Falso de toda falsedad que el panterino depredador sea un nuevo exponente de la larga lista de verdaderos oradores políticos colombianos, como lo fueron los llamados Leopardos, Rojas Garrido, Laureano Gómez, Gaitán, Galán, Lara Bonilla, Holmes Trujillo, Santofimio, etcétera, sin restarle méritos a sus dotes actorales de abogado penalista al colega Abelardo, que es muy probable que sea su ámbito y hábitat natural. Lo cierto es que Cepeda tiene y tuvo un buen discurso oratórico, mejor en la campaña que el de todos sus contendores, independiente de que no se le reconozca al papelito su papel demoledor como emblemático símbolo de su rigor formalote e intelectual.

Repito, sin pretender hacer de nuestro aserto una tesis política nacional, prefiero destacar que lo ocurrido en la debacle electoral de ayer, caso de La Guajira, tiene una elemental conexión y génesis con en el coletazo de la poderosa y exclusiva, algunos dicen que excluyente, lista cerrada del partido de gobierno en las pasadas elecciones de senado. Debo advertir que no deseo referirme al tópico relacionado con los estragos de la respetable conformación de la lista para el senado, me niego a tratar ese extremo de la discusión. Prefiero cuestionar la fatal desconexión administrativa de los centralizados poderes nacionales del partido de gobierno con los resortes locales de la campaña electoral del candidato Cepeda. Faltan tres semanas para dirimir el pleito entre los extremos de las dos nuevas versiones, ojalá, bajándole el tono a las ofensas personales y a concretar con claridad las respectivas banderas programáticas. Personalmente, prefiero a un Cepeda acudiendo al papelito y seguir esbozando con la mayor cantidad de detalles los elementos de su propuesta, además, me gustaría ver a Fajardo entre los postulados por Cepeda para Ministro de Relaciones Exteriores, a Jaime Araújo Rentería, desde ahora anunciado como Ministro de Justicia, para decir lo que debería pasar con este par de ejemplos. Al primero, excelente y experimentado político, reconocido como una ficha sin mácula, al otro, ni se diga, jurista de alto turmequé, político, intelectual, independiente, decente, comprometido con las causas de una nueva y descentralizada democracia, costeño.

A propósito de los méritos que sugiero que sean reconocidos para el jurista vallenato, tengo que llamar la atención sobre la terrible descachada del deslucido Abelardo, quien pretender desacreditar al candidato Iván Cepeda, diciendo en su discurso de anoche, desde el improvisado planchón, a la orilla de la parte más pestilente del Río Magdalena, que éste no mostraba a su familia, dizque la tenía escondida. Nada más falso, incoherente e irrespetuoso que eso, pletórico de total desfachatez, diríase en buen y delicado lenguaje castellano. Los padres de Iván Cepeda, lo sabemos los colombianos, antes de éste ser candidato a la Presidencia de la República, desde siempre, han sido reconocidos como emblemas morales y éticos de nuestra democracia. El padre, senador de la República distinguido, indiscutible buscador de la paz de Colombia, ha estado en idearios y agenda de los demócratas colombianos en las últimas décadas de la historia. Su señora madre, importante mujer de la intelectualidad colombiana, perteneció a una distinguida y muy reconocida familia del departamento de Sucre. Ambos se encuentran en los anales de la historia.

miércoles, 4 de marzo de 2026

 

CIENTO CUARENTA Y CINCO MILLONES DE PESOS

Por Armando Pérez Araújo*

En primer lugar, hablemos sobre lo que significan los pírricos ciento cuarenta y cinco millones de pesos hallados en cercanía de Hato Nuevo, en manos del escolta y hombre de confianza del Secretario General de la Cámara, doctor Lacoutier, al parecer, con su conocimiento y direccionamiento, y evidente destino a la compra de votos a favor de un candidato al Senado de la República, de la misma cuerda del jefe o cómplice del servidor público, el célebre senador Carlos Trujillo, dirigente nacional del partido conservador. Lo grave es que esta injerencia del partido conservador, o de quienes se aprovechan del letrero de esa organización, en la política de la capital indígena de Colombia, Uribia, su principal bastión, no es la primera vez que lo hacen, ya que tremenda práctica viene sucediendo de manera sistemática y pública, con el beneplácito de las autoridades, la jerarquía de los partidos y la alcahuetería de encopetados dirigentes indígenas. El mismísimo senador Trujillo, ya había incursionado exitosa e impunemente, comprando, al por mayor y al detal, concejales de Uribia y otra clase de dirigentes indígenas, por conducto del alcalde de la época, el indígena Bonifacio Henríquez.

Lo peor de todo es que esta conducta punible no es exclusiva de quienes se han aprovechado del letrero del partido conservador, organización en La Guajira fundada por familias honorables, porque hay asociaciones para delinquir con diferentes denominaciones de otros partidos y movimientos que en política bailan al son que les tocan, delante de las cámaras aplauden al gobierno y en la vida real se juntan con sus enemigos.

En este caso, es menester encuadrar la investigación penal en la existencia del delito de asociación o concierto para delinquir que supone un acuerdo voluntario entre varios individuos con el propósito de delinquir.

*Candidato al Senado de la República

lunes, 2 de marzo de 2026

 

Voten por mí, o voten por ellos o por ella.

Por Armando Pérez Araújo

Quiero que sepan mis votantes que en caso de ser elegido Senador de la República haré los indispensables debates en el Congreso de la República, y en caso de que no, también los haré en donde sea necesario y cuando sea menester. Haré los debates argumentativos en cualquier terreno para que se consolide un Cierre de Mina Justo e Integral para toda La Guajira y el resto del país. Para mí, la restitución de las tierras indígenas a sus dueños, y el restablecimiento de los derechos territoriales y económicos a los afros, es un imperativo moral, asunto que así lo ha reconocido el propio presidente Petro. Luchar por configurar una Sociedad Portuaria Indígena de Economía Mixta, para que los indígenas sean los principales titulares de los derechos portuarios a partir del año 2034 es una obligación prioritaria de mi agenda política. De la misma manera insistiré a favor de que este gobierno, o el progresista que le siga, revise la estructura legal de los parques eólicos, en procura de convertirlos, cada uno de ellos o por grupos de proyectos vecinos o similares, en sociedades de economía mixta, en donde estén participando accionariamente los habitantes dueños locales del territorio, los trabajadores y ex trabajadores de la minería, el Estado y los inversionistas nacionales o extranjeros, porque sólo así la transición energética en La Guajira tendrá sostenibilidad moral y política, lo mismo que tranquilidad y seguridad jurídica para los inversionistas irresponsablemente sonsacados por el gobierno anterior. He demostrado, sin tener credencial de congresista, que le he podido cumplir a la ciudadanía en los asuntos más cruciales del trámite abusivo de la minería multinacional, desde mi litigio estratégico a favor de indígenas y afros, a favor de la paz. Los pequeños y medianos propietarios de tierras en el sur de La Guajira saben muy bien, a pesar del silencio de los medios de comunicación y de la absurdidad de los jueces y fiscales, que fui el autor de la defensa ante el Consejo de Estado de la eliminación de las famosas reservas del Incora a favor de la familia Rockefeller por conducto de Carbocol. Desde esa época de 1992 se espantaron del concierto delictivo dichos instrumentos de coacción de la minería abusiva contra las familias trabajadoras del campo guajiro, igualmente con lo ocurrido con la sentencia de la corte T-528 del mismo año. Ambos instrumentos conquistados por el suscrito que, quiéranlo o no, se convirtieron en pilares políticos de nuestras batallas jurídicas y sociales.

Apelo a la ciudadanía libre e independiente a pedir su respaldo electoral, pero perfectamente que pueden optar por los mismos y por la misma, a sabiendas de lo que será un nuevo cuatrienio de frustraciones.

Acudo a la colonia de comerciantes árabes, porque tengo absolutamente claro que la estrategia que he venido defendiendo, que seguiré defendiendo, de consolidar entre ambas colectividades, lazos de solidaridad política, mejor, entendimiento entre la territorialidad del pueblo indígena y la comunidad árabe, son la mejor fórmula para asegurar el crecimiento respetable y digno de Maicao y los demás trabajadores del comercio.

A los antioqueños o paisas, a los demás comerciantes, a quienes han arribado a La Guajira en búsqueda de la prosperidad, acudo con la mayor humildad a pedir el voto para el Senado de la República.

A los hermanos de la República Bolivariana de Venezuela, mi mensaje en este momento electoral es que, si soy elegido Senador de la República de Colombia, mi curul será a favor de la concordia y de la paz de los venezolanos, igual que si fuesen colombianos, especialmente del entendimiento respecto a las causas comunes de los habitantes de frontera.

Me niego a examinar el enredo en cada uno de los prontuarios de los demás aspirantes. 

 

domingo, 1 de marzo de 2026

 

CIERRES DE CAMPAÑA, SIN VERGÜENZA

Por Armando Pérez Araújo*

Las campañas políticas, o lo que se conoce como tales, son una clara demostración de riqueza y de poder, en muchos casos extravagantes y contraproducentes abusos y humillación. Al mismo tiempo son una demostración ilimitada de la capacidad de exceso de poder y vanidades de sus protagonistas locales. Los políticos, o lo que se conoce como tales, aprovechan el desorden y la proliferación de hazañas abusivas de ostentación para realizar y exhibir ridículas alianzas prohibidas. No es difícil descubrir la doble o triple militancia en la que incurren presumidos personajes de la fauna local. La mesura y el respeto por los valores y principios no se usan en nuestras campañas criollas, desaparecen por completo, al contrario, quienes deberían exhibirse cuidadosos, discretos y dueños de la mayor pulcritud, aprovechan sus campañas políticas para mostrarse más desabrochados en el alarde de gastos y jactancias, sin importarles los riesgos éticos de su destitución que aumentan cada vez más ante las cortes. Aprovechan para lucir como faraones criollos con la desesperada necesidad de extremar sus ínfulas y humos. Fácilmente, en casos como el de La Guajira, donde es evidente que hay una captura institucional por parte de ciertos políticos, se percibe que hay apropiación indebida de recursos y, peor que eso, ostentación deliberada del poder económico derivado del poder político. Aquí, donde la gente lucha por sobrevivir, resulta moralmente inaceptable que desde el poder se exhiba riqueza como símbolo de autoridad. Produce asco que el poder político, obtenido con recursos públicos, se convierta en plataforma de ostentación económica frente a comunidades con sus necesidades básicas insatisfechas. La suntuosidad del poder económico en la política local no es liderazgo: es dominación. El fenómeno extático es lo que ocurre en el llamado cierre de campaña, una especie de festival de humillaciones, en donde a unos se les obligan a asistir, a otros les pagan para acudir y aplaudir. Es la manifestación del pus, la supuración de la llaga en la política.

Hemos llegado a la conclusión de que lo que es peor para la sociedad, peor que la enorme extravagancia de los llamados políticos, que son simples traficantes del hambre, la sed y el desempleo crónicos, son los intermediarios, que se hacen llamar líderes o dirigentes en las respectivas comunidades, porque son éstos los que no permiten que las comunidades se liberen del miedo y de la costumbre de aceptar lo inaceptable.

Mi invitación, para las elecciones del próximo ocho de marzo y para siempre, es que entendamos que ningún poder sería tan arrogante si fuésemos capaces de vencer la tolerancia a su alrededor. Debemos aprender que el abuso del poder se alimenta principalmente de quienes lo celebran, o justifican o se benefician de él.

·        Candidato al Senado de la República.