Farsantes
Armando Pérez Araújo
No me voy a referir al
candidato presidencial que pretende exhibirse como defensor de la patria,
sabiendo que él jamás ha sido ni pizca de eso, dado que él nunca ha sido protagonista
de la defensa y promoción de las libertades, ni de los valores fundacionales de
nuestra democracia, como él lo predica habitualmente en sus discursos aprendidos
de memoria. Aunque, contra mi voluntad abordaría un tópico relativo al acento
que la precandidata Claudia López le añade al cuestionamiento al inquietante
ejercicio profesional del abogado Abelardo, alejándome del criterio suyo de que
lo malo de él, según ella, sea que el susodicho jurista se ha erigido apoderado
de ciertos personajes de la farándula financiera y de reconocidos actores de la
emblemática delincuencia común. Hasta ahí puedo decir que meto la mano a favor
de él, porque no le veo ningún problema al ligio y fortuna del acaudalado
colega a favor de clientes adinerados, por ese simple motivo, porque tengo que
advertirles a quienes censuran al fogoso colega por el manejo de ese tipo de
vínculos, que la norma del Tratado sobre Principios Básicos Sobre la Función de
los Abogados, adoptado por el Octavo Congreso de las Naciones Unidas sobre
Prevención del Delito y Tratamiento del Delincuente, de La Habana, Cuba, 07 de
septiembre de 1990, dice en su numeral 18 que “Los abogados no serán identificados
con sus clientes ni con las causas de sus clientes como consecuencia del
desempeño de sus funciones”. Otra cosa, agrego yo,
sería que de los detalles de la cuidadosa lectura de sesudas investigaciones
como las de los periodistas Yoir Ackerman y Daniel Coronel, por ejemplo, se
infieran implicaciones penales, transgresiones del régimen monetario
internacional por fuera de la licitud del ejercicio de la abogacía, lo mismo
que algunas conductas propias de simples cómplices que podrían ser verdadero
apoyo intelectual a los principales beneficiados del delito o autores
principales. Tampoco me ocuparé en gastar mi tiempo denigrando
contra los entrometimientos de Marco Rubio en la política latinoamericana, ni
mucho menos criticando al tristemente célebre senador Bernie Moreno, ex colombiano
que practica el deporte de escalar posiciones dentro del establecimiento
imperial de Estados Unidos a punta de agresiones a los demócratas de nuestro
país, según se dice, por cuenta de choques relacionados con temas
asociados a sus propios intereses o prontuarios. De ninguna manera me referiré
en lo más mínimo al ultraderechista turco de Maicao, sea natural colombiano o
extranjero, que viene haciendo política, también plata con la política, sin
observar respeto por señal alguna de los semáforos de la ética, la moral
política, ni siquiera de los límites que le imponen las normales tendencias de
sus paisanos, respetuosos de los cánones o preceptos locales, de ninguna forma
desbordados abelardistas, mucho menos favorable a la desabrochada injerencista doctrina
Trump frente a Colombia, lo cual pondría en aprietos a la estabilidad y
legitimidad de sus propios paisanos árabes.
Pero lo que sí deseo
resaltar es que los que definitivamente se comportan como empedernidos
falsarios o farsantes, son aquellos que se colaron a los intestinos del alto gobierno
de Petro y después se las tiran de independientes, incluso de distinguidos y conspicuos
miembros de la derecha, o los que por la magia de la improvisación de las
listas cerradas entraron al Senado y no se han dado por notificados desde cuando
llegó la campaña presidencial, o quienes, como el Procurador General de la
Nación, que se hacen los de la vista gorda cuando son los amigos de sus amigos los
que incurren en faltas gravísimas, caso concreto, del intocable gobernador
Jairito, que desde hace varios meses fue querellado por el suscrito por
evidente violación gravísima a las normas disciplinarias, sin que a estas
alturas le haya pasado nada, faltas que fueron mucho más graves, verbi y gracia
que las del locuaz gerente Carlos Carrillo, que fue suspendido por fulminante
rabia y hastío del jefe del Ministerio Público. También considero falsarios y
farsantes quienes celebran con bombos y platillos que el presidente Petro sea
cuestionado por participación indebida en política, cuando censura la amenaza
ejercida contra la institucionalidad colombiana y, al mismo tiempo, rechaza las
probabilidades de que llegue de nuevo otra peligrosa era fascista y paramilitarista
al país, pero, disfrutan cada vez que el genocida e injerencista presidente
estadounidense amenaza con interferir en Colombia, o cuando lo hace contra nuestro
hermano pueblo venezolano.
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