lunes, 22 de febrero de 2016

APUNTES PARA UN DEBATE

Apuntes para un debate:
1- Debemos distinguir entre la cuestión coyuntural del fenómeno mediático de la prensa, sumada la reacción explosiva de las redes sociales y el asunto eminentemente estructural de la profunda marginalidad, pobreza y hambre de La Guajira. Permítaseme hablar sólo de La Guajira Wayuu, que es donde hoy está encuadrado el debate nacional.
2- Dentro del nivel NO estructural podríamos incluir la que hemos denominado corrupción contemporánea, es decir, todo lo que se ha dicho que ocurre en el ICBF, el inservible Sistema de Salud Pública, la politiquería de las entidades territoriales, el fenómeno del niño, los prolongados veranos del desierto, etc. Incluso, si quisiéramos, podríamos enlistar en esa categoría o rango a todo lo malo que se diga del presidente Maduro y su explicable cierre de frontera, lo mismo que los hábitos electorales de la peor politiquería nacional que han contagiado e invadido la mismísima cultura Wayuu.
3- Es imposible eludir a la hora de un serio y profundo debate público el riguroso examen de las responsabilidades colectivas, grupales e individuales, aunque ese debería ser el principal reto de los organismos de control, los cuales, dicho sea de paso, también han incurrido en evidente complicidad y encubrimiento, por lo menos en grave omisión de sus funciones. Y si quisiéramos detenernos en el examen académico de los orígenes de la corrupción republicana, que parecería ser sistémica, estaríamos forzados a encontrar en el cogollo del despelote a importantes actores y partidos de la política nacional. Claramente, no se trata de justificar, defender o exculpar a los jefes políticos de La Guajira, pero sí de contextualizar correctamente el análisis y derivar de ese propósito unas conclusiones serias sobre un tema que tiene raíces nacionales. Ojalá tengamos la suerte que del estudio que haga el Sistema Interamericano de los Derechos Humanos se desprendan órdenes a las autoridades colombianas correspondientes, por parte de la Comisión o la Corte, las cuales podrían arrojar las luces indispensables para dilucidar mejor las violaciones y enderezar el rumbo.
4- Pero tratemos de llegar al meollo del tema y veamos cual es el problema estructural que más temprano que tarde habrá de abordarse por diferentes caminos para corregir la marginalidad y otros males que terminan en los dramáticos niveles de desnutrición, muerte y la peor degradación de la Dignidad Humana:
4.1 Empecemos afirmando y reconociendo que el Pueblo Wayuu tiene una basta y compleja territorialidad en Colombia y Venezuela. El municipio de Uribia, capital indígena de Colombia, solamente tiene una extensión de casi 9000 kilómetros cuadrados y es la entidad territorial de mayor área en el Departamento de La Guajira. Agreguémosle a la anterior realidad los índices geográficos y demográficos de Manaure, gran parte de Riohacha, Maicao, Albania, Hato Nuevo, Barrancas, Fonseca, Distracción, principalmente. Y para aproximarnos a una idea del contexto sociológico y complejidad del problema, digamos que es de tal magnitud el potencial poblacional Wayuu en el hermano país que solamente en la ciudad de Maracaibo existen no menos de setenta populosos barrios habitados por familias de la etnia ( colombo venezolanas ), aparte del alto número de habitantes de Mara, Sinamaica, Moján, Paraguaipoa, Guarero, Carretal, Guana, Machiques y muchas veredas y rancherías de esta frontera caracterizadamente Wayuu. Pongámonos de acuerdo entonces en que no es posible analizar unilateralmente la crisis del Pueblo Wayuu si no lo hacemos mirando lo que ocurre en su rigurosa dinámica binacional, máxime si la singular característica política, cultural y geográfica del pueblo indígena nos obliga a comprender el indispensable contexto integral de la etnia. Eso también explica en bastante medida la generalizada aseveración de que el cierre abrupto de la frontera colombo venezolana en el Zulia, constituye un quiebre en la economía de la población indígena, precipitando los lamentables niveles de desabastecimiento, hambre,desnutrición y muertes asociadas a estos fenómenos. Digamos que es un error afirmar que esta es la causa más importante del fenómeno de desnutrición y sus peores consecuencias, como lo sería prescindir de ella a la hora del análisis profundo y concreto. Se desprende de lo anteriormente dicho que siendo válido el aserto mencionado, también deberá serlo que antes de que ocurriera el aludido cierre fronterizo el relativo bienestar del pueblo indígena emanaba de las gangas y privilegios originados en la economía y tolerancia venezolanas.
4.2 Hemos afirmado con frecuencia, y ahora con más razón, a propósito de la crisis alimentaria actual, que a La Guajira Wayuu no sólo se le ha negado el goce efectivo de adecuados y eficientes Sistemas de Salud Pública y de Bienestar Social, sino que también de manera increíble la mayoría de sus Derechos Fundamentales Especiales.
4.2.1 Comencemos diciendo, a manera de prefacio, que es simplemente inaceptable, desde la óptica del respeto de los Derechos Humanos Internacionales, que el ser humano Wayuu tenga la increíble y triste necesidad de usar simultáneamente dos cédulas de ciudadanía, una colombiana y otra venezolana, para desenvolverse en uno u otro país, dentro su territorio ancestral. Aquí no hay un simple problema de doble identificación, de falsa identificación, que se prestaría y se presta para todo tipo de irregularidades y conjeturas, mucho menos un saludable ejercicio de la doble nacionalidad, sino un desastroso atentado contra el Derecho a la Identidad Personal, lo cual es sumamente grave, en la medida en que de contera se atropella el Interés Superior del Niño, consagrado internacionalmente como un derecho absolutamente respetable. Consecuente con lo anterior es menester introducir urgentemente una norma binacional consensuada por ambos países para remplazar el histórico adefesio identitario por una Cédula Única Wayuu, de la cual se desprendan derechos y deberes ciudadanos respecto a Colombia y Venezuela, los cuales deberán reglar mediante tratado semejante violación a los Derechos Humanos. De no hacerse voluntariamente, habría que esperar una orden internacional en el mismo sentido de la Corte Interamericana de los Derechos Humanos, para corregir este primer entuerto estructural y estratégico del Pueblo Wayuu que incide profundamente en la vida de sus habitantes.
4.2.2 A este drama le tenemos que sumar la degradación de la Identidad Colectiva del Pueblo Wayuu proveniente del menosprecio constitucional y desdén gubernamental, circunstancias estructurales que hacen nugatorio el concepto jurídico y político de Pueblo y convierten la la importante etnia en una simple montonera de personas o individualidades diferentes. Nótese cómo indeliberadamente, pero de manera reiterada e inveterada, se hacen referencias a la Comunidad Wayuu para aludir al Pueblo Wayuu. Aparentemente es un tema de retórica política, pero es realmente un asunto estructural y de fondo del funcionamiento de los Estados respecto al tratamiento de sus deberes constitucionales frente a un pueblo de tanta jerarquía sociocultural. Sin adecuar los Estados ( Colombia y Venezuela ) a una razonable modificación, edificada consensualmente con los líderes y jefes de la etnia, será imposible instalar debidamente el respeto a la Diversidad Étnica y Cultural, la Autonomía con todas sus arandelas en materia de Competencias, el Derecho Electoral Propio, el Autogobierno, etcétera.

miércoles, 4 de noviembre de 2015

CIÉNAGA GRANDE DEL MUNDO


LA CIENAGA GRANDE

Hicimos un recorrido por la Ciénaga Grande de Santa Marta, en un plan de entretenimiento y verificación de las recientes denuncias sobre los ataques a que ha sido sometida su estructura ecológica. No fue necesario medir con instrumentos la ciénaga para comprobar lo que está sucediendo, en términos de catástrofe ambiental. En este país del Sagrado Corazón se han estado robando a pedazos este lugar declarado reserva de la biosfera mundial por la Unesco y clasificado como sito Ramsar por sus características ecológicas especiales. Y no se han estado robando la ciénaga con alambre de púa y papel sellado, como ocurría con los despojos habituales en el resto del país, sino con buldóceres, retroexcavadoras y bombas de succión, con el fin de desecar los humedales y convertirlos en haciendas ganaderas y extensas fincas sembradas de palma. Es posible que parte de esta orquestación de estatales y particulares hubiese estado acompañada de acciones criminales de los paramilitares como las masacres perpetradas en los pueblos palafíticos de Trojas de Cataca y Nueva Venecia (año 2000). A estas alturas del desastre mundial, la ciénaga debería llamarse Ciénaga Grande del Mundo y no simplemente de Santa Marta, el Procurador General de la Nación, en vez de estar jodiendo contra la paz, debería haber implementado expedientes y sanciones ejemplares, además, coadyuvar a la Superintendencia de Notariado para que les sean restituidas a la sociedad internacional las numerosas hectáreas amputadas a la estructura ecológica de esta riqueza de la humanidad.

lunes, 2 de noviembre de 2015

El Derecho Incompleto. Cédula Wayuu


DERECHO INCOMPLETO, la cédula wayuu. (1)

Recientemente el periodista José Orellano, quien hace un maravilloso trabajo periodístico en su blog www.elmuellecaribe.com, me comprometió con la idea de divulgar y abanderar lo que en alguna ocasión académica denominamos EL DERECHO INCOMPLETO. El nombre del tema surgió en La Habana, Cuba, hace un par de años, cuando fui invitado a un foro internacional de abogados para tratar una materia de actualidad y de gran jerarquía como es lo atinente el DIH, es decir, el derecho que rige las reglas internacionales del marco humanitario de la guerra. En esa ocasión, con la venia del exigente y respetable auditorio, me aparté del diseño original de mi ponencia y expresé la necesidad de que los abogados del mundo, pero los colombianos de manera especial y con mucha más razón, deberíamos entrenarnos en colaborar en la ingeniería de la paz, en las reglas para la paz. La circunstancia me obligó, pues coincidía con los inicios de las conversaciones de la Paz colombiana en La Habana y, además, porque era evidente la necesidad de que quienes militábamos en la defensa de ese gran propósito nacional, expresáramos nuestro apoyo específico a través de propuestas concretas, es decir, en LAS REGLAS PARA LA PAZ.  Cuando me referí a las Reglas para Paz hice especial énfasis en las reglas para afianzar la paz, que son o tendrán que ser partes de un nivel superior de política de Estado sobre el establecimiento de la paz permanente, es decir, un escenario intelectual, especialmente jurídico, donde sea posible edificar las garantías efectivas que hagan imposible el regreso del conflicto armado colombiano. El sentido de este elemental planteo es que la paz no podemos considerarla como el simple logro de la redacción y firma de un documento de contenido exhaustivo y repleto de magníficas intenciones. Muy a pesar de nuestra condición de abogado, o por esa misma condición, tendremos que defender la tesis de que las reglas para la paz, además de los indispensables ajustes propios de la construcción de la paz, deberían ocuparse del Derecho Incompleto, del Derecho que no existe en la práctica.

De manera particular me referiré al Derecho Incompleto de La Guajira indígena colombo venezolana, es decir, carencias en materia de derechos y garantías del mayoritario pueblo indígena asentado en la hermosa península, no obstante los avances retóricos de la normatividad constitucional y en un sentido más amplio del bloque de constitucionalidad que nos rige respecto a dichos temas. Además de la obligación que se desprende de nuestra condición de residente y trabajador en Derechos Humanos en La Guajira, también hemos escogido esta parte de la sociedad colombiana para realizar nuestro aporte porque esta es un territorio dentro del concierto suramericano que podríamos clasificar como de altísima sensibilidad geopolítica. Dicho de otra manera más práctica y pedagógica: si es cierto que La Guajira colombo venezolana constituye o podría constituir un atractivo para los hacedores de la guerra, no puede ser menos cierto que también deberá ser de interés para quienes estemos del lado de procurar la ingeniería jurídica para consolidar la paz duradera.

LA IDENTIDAD:

Si hay algo que constituye una afrenta para la paz de cualquier sociedad en el mundo moderno es el desconocimiento de la Dignidad Humana, peor si se irrespeta simultáneamente con otros derechos igualmente importantes como la IDENTIDAD. La Identidad, es un Derecho Humano que en La Guajira es permanentemente violado, tanto en su dimensión PERSONAL como COLECTIVA. La mayoría de las personas del pueblo Wayuu, por ejemplo, tienen dos cédulas de ciudadanía, una expedida por la autoridad venezolana y otra por la colombiana. Y no se trata de la tantas veces cacareada doble nacionalidad. No. Cada una de esas cédulas contiene una información diferente, es decir, lugar de nacimiento diferente, en muchos casos nombres distintos y padres también diferentes. Esto ocurre para realizar la dinámica normal de movilidad dentro de su propio territorio ancestral, que por definición es territorio caracterizadamente colombo venezolano. Algo, además, que nadie discute en Colombia ni en Venezuela. Cómo es posible que ciudadanos nacidos en uno u otro país tengan que recurrir a la generosidad y comprensión de respetables señoras de nacionalidad diferente a la suya para optar por la falsa condición de hijo de éstas y de tal manera acceder a una identificación distinta a la original. Es un fenómeno de crasa doble identificación pero, además, conlleva algo más grave que eso que es atentar contra el esencial Derecho Humano a la Identidad Personal, individual y colectiva del pueblo indígena Wayuu, considerado uno de los dos más importantes y numerosos de Colombia y Venezuela.

Hace más grave este fenómeno de simple "doble cedulación" el hecho de que las toneladas de cédulas gemelas que circulan en el territorio étnico representan el gran mercado electorero de las mafias políticas de uno y otro país, sin contar con otras arandelas que conllevan graves implicaciones al tema de la seguridad fronteriza. Esto que ocurre con el derecho a la Identidad Personal y Colectiva del Pueblo Wayuu es lo menos parecido al respeto a la Diversidad Étnica y Cultural.

¡SOLUCIÓN! Para este vacío enorme basta que los gobiernos de ambos países acuerden la expedición de la CÉDULA ÚNICA WAYUU, de conformidad a un instrumento binacional, inspirado en las normas internas de la etnia sobre el funcionamiento del parentesco e identidad del Pueblo Wayuu, de tal manera que el nuevo documento de identificación no sólo resuelva el asunto relativo a la movilidad legal dentro del territorio ancestral, sino que les permita alcanzar un estatus efectivo y real de ciudadanía e identidad. Luego de este primer paso surgirán temas relacionados con la Autonomía Indígena y otros asuntos que plantearemos en este espacio de debate. Señores Presidentes Santos y Maduro, aquí tienen en bandeja una solución sencilla para una compleja situación violatoria de los Derechos Humanos de todo un pueblo indígena.

 

jueves, 15 de octubre de 2015

DIOMEDES, víctima de la sociedad.
Es legítima la discusión sobre si se le otorga o no un reconocimiento a la obra artística de Diomedes Díaz. No faltaba más, es el Congreso de la República el escenario para este y otros tipos de debates. Lo que no debería suceder es que a propósito de la exaltación de su obra artística se revivan lamentables episodios de la accidentada vida personal del tremendo cantante y compositor. Bajo la gravedad de juramento me adelanto a expresar lo siguiente: En el Congreso de la República no hay un parlamentario, uno solo, de la izquierda o de la derecha, que pueda decir que jamás bailó y se deleitó con la música y poesía del formidable artista guajiro, antes o después de las acusaciones o conjeturas que se tejieron en su contra, a raíz de los evidentes escándalos que trascendieron. En gracia de discusión, y en vista de que es inevitable el debate que ya está encendido, se me ocurre sugerirles a los Honorables Representantes revisar el contexto social de la vida personal del niño y del ciudadano colombiano que luego se formó como extraordinario y fenomenal cantante y compositor, así las novelas o telenovelas ayuden o hubiesen ayudado a volver trizas su siempre discutido prestigio personal. El discreto aporte que deseo sugerir a la edificación del ideal justo contexto es el siguiente: que no se les olvide, a la hora del juzgamiento de su vida personal, que el joven Diomedes Díaz, cuando apenas despuntaba como cantante, cuando comenzó a hacer sus primeros pininos artísticos, tuvo que desenvolverse inevitablemente en el medio contemporáneo de su época. Era nada menos ni nada más que la fase explosiva de la marimba. De la mano del marimbero, que fue una versión legítima, obviamente ilegal, de lo que hoy constituye el execrable y censurable delito internacional del narcotráfico. Fue en ese escenario sicosocial que el joven guajiro se desenvolvió, cuando la sociedad de la costa celebraba con ruido y extravagancias musicales el silente y libre ejercicio de los poderosos traficantes del interior y el exterior del país. Cuando la respetable y prestigiosa Iglesia Católica, a través de sus pastores, bendecía fincas y mansiones de marimberos, grandes y pequeños. Era el momento en el que la revista Time afirmaba que “las multimillonarias ganancias de los narcotraficantes ya no van a sus bolsillos sino que se invierten en las bolsas de Bogotá, Tokio o Nueva York o se destinan a empresas prestigiosas”. En ese mundo de malas influencias, desafortunadamente legitimadas, se forjó el hombre y sobresalió el poeta, descolló el cantante y, gústenos o no, se catapultó el género musical del vallenato, cuyos atributos no admiten discusión alguna. Cuando la sociedad estaba cruzada de brazos y amancebada con las influencias del narcotráfico, cuando gran parte de nuestra juventud se alistaba para engrosar tantas bandas criminales, unas armadas y otras amangualadas en los diferentes escenarios, la política no es la excepción, Diomedes, sin la orientación de ninguna agencia estatal, en medio de tanto mal ejemplo generalizado, logró imponerse como el gran Cacique de La Junta, pese a defectos y censuras.
Estoy seguro que la Cámara se ingeniará, sin hipocresía alguna, para redactar un buen homenaje a Diomedes Díaz, a su obra artística, que habla por sí sola. Si no hay mayorías para eso, no hay nada que hacer. Lo que no puede suceder es que el debate serio se eluda, se desvíe o se degrade por carencia de un justo contexto.
PALABREROS, MADURO Y SANTOS
Creo que me puedo imaginar un probable y pintoresco escenario en el que un Palabrero Wayuu interceda entre uno y otro presidente, abogando por la paz ente ambos gobiernos. A Santos, recibiéndole al palabrero la palabra enviada por Maduro sobre el calificativo grosero que aquél hiciera de éste de comportarse como un soberano payaso. También la queja transportada en la solemne palabra de otro reputado palabrero wayuu, a través de la cual Santos le recrimina a Maduro haberlo amenazado con derrotarlo en cualquier tablado de jurisdicción internacional de naciones o de personas naturales. Y, mientras eso ocurría, entre el ámbito de versados palabreros, la cosa se calentaba más y aumentaba el entre ellos el intercambio de opiniones personales sobre la verdadera intención del jefe de Estado colombiano de simplemente querer asustar a Maduro, cuando dijo que el Fiscal Montealegre llevaría el caso de las deportaciones ilegales a la Corte Penal Internacional, a sabiendas que ello era claramente improcedente, o cuando se referían a la proverbial incontinencia verbal del Procurador Ordóñez, que esta vez llegó al extremo de amenazar a Maduro con pedir su captura a la CPI, como si en el fondo de tanto desacierto se tratara de ridiculizar más de lo necesario la improductiva estrategia de Santos, su antagónico y contradictor político, pues también sonaba evidente su absoluta improcedencia ante el organismo de La Haya. Es decir, que no todo era en serio, ni mal intencionado. El asunto, de todas maneras, se convirtió rápidamente en un tremendo correveidile por las mutuas sindicaciones sobre responsabilidades de ambos gobiernos en el control del contrabando que sale de Venezuela. Que si el control de los bachaqueros lo debió hacer Maduro o si lo debió hacer Santos. Que si los pimpineros son obra del uno o del otro. Que si fue que la canciller Holguín se descuidó con el voto de Panamá y por tanto es la responsable de que el asunto no hubiese pasado de la instancia de la OEA. Que en la OEA le hubiese ido peor a Santos, que Colombia no puede eludir su responsabilidad por los cinco millones de desplazados internos por la violencia armada y el hambre y la misma cantidad de externos por iguales razones, que ahora se descubre estaban o están en Venezuela. Que si fue que la canciller Rodríguez dijo que el narcotráfico comienza en Colombia, pero que también sigue campante por Venezuela, según la réplica de la canciller Holguín.
Lo que no he podido imaginarme es cómo manejarían los hábiles palabreros wayuu su imparcial vocería cuando les toque a ellos, a los wayuu, sacarles los trapos al sol a ambos Estados, por cuenta de los históricos trancazos recibidos por los dos gobiernos al territorio étnico, a su integridad física y jurídica, por las trabas a su movilidad, al comercio fronterizo e intraétnico legítimos. Por el simple y desastroso hecho de tener que moverse dentro de Venezuela con una cédula diferente a la que usan en jurisdicción de Colombia, dentro del propio territorio wayuu, y viceversa, unas veces con fechas de nacimiento diferentes, o con nombres o apellidos diferentes, o colocando a madres o padres que no lo son para acceder dizque legalmente al documento de identificación válido. Es eso un inverosímil atentado sin precedentes a la Dignidad Humana, al Interés Superior del Niño y a la Identidad Colectiva del pueblo indígena wayuu, cultural y numéricamente respetable. Este escenario de franqueza deberá tener la oportunidad ahora, en el próximo escenario de concordia y reconstrucción de la confianza entre los dos países hermanos. Un buen comienzo será proponer y redactar un articulito para que mediante Tratado o Convenio de Colombia y Venezuela se le dé vida a una cédula de ciudadanía binacional.

FRONTERA Y ROTO

Necesitamos diferenciar entre frontera y roto para colegir que lo que necesitaba Maduro era tapar o remendar el roto y no cerrar la frontera con el país hermano, máxime si el llamado cierre implica medidas perturbadoras de la territorialidad indígena, así se pregone lo contrario. Quienes vivimos en zona de esta frontera entendemos que era útil y legítimo para los venezolanos tapar el hueco que había en la frontera física. Sería necio e injusto no reconocer el alcance de este fenómeno de descomunales proporciones. El país debe saber que ese desangre de la economía venezolana no sólo golpeaba los niveles mínimos de abastecimiento interno del hermano país, sino que introducía ingredientes de desestabilización a informales economías como la de Maicao y muchas otras poblaciones de la costa. Un hecho anecdótico, cuyo desenlace me produjo indignación, pero que sirve para ilustrar el fenómeno es el siguiente: un pan venezolano que en las calles de Maicao costaba normalmente, antes de la crisis, $7.000 cada uno, en momentos del apogeo del roto, estudiantes del vecino país lo venían a vender por menos de $2.000, cada uno (3X5). Muy pronto, el alcalde y la policía nuestra expulsó o deportó a los estudiantes, máximo cinco vendedores, que traían el delicioso pan venezolano para rebuscarse la vida. Lo que me indignó fue la rapidez con la que actuaron nuestras autoridades para atacar al inofensivo fenómeno migratorio. A lo mejor actuaron dentro del marco de la ley, que es lo más triste, mientras impávidos veíamos pasar camiones y tracto mulas con todo tipo de mercancías y personas. Mi amigo Héctor, que acostumbraba comprar los tres panes para no llegar a Mingueo con las manos vacías ante sus tres nietos, se sintió ofendido en lo personal y me dijo: no son capaces nuestros alcaldes y policías de canalizar estos beneficios de la dieta de los guajiros, pero sí se hacen los de la vista gorda para ver pasar los grandes volúmenes que salen del roto venezolano. Volviendo al inicio: bastaba con tapar el hueco y curar el roto. No era necesario sentar el precedente de cerrar la frontera, con todo lo que ello implica.

 

BOMBA DE TIEMPO (8)

No me produjo ninguna satisfacción haber descubierto el agua tibia, es decir, haber comprobado en nuestro oportuno diagnóstico los ingredientes de la creciente y explosiva crisis de la frontera con Venezuela, particularmente del lado de La Guajira. Esa certidumbre y el sonoro rifirrafe de la semana pasada entre presidentes y cancillerías nos dejaron varias lecturas, destacando entre ellas el predominio del fenómeno jerárquico de los medios de comunicación y redes sociales sobre el buen juicio que debería imponerse en la orientación de los gobernantes de ambos lados. En consecuencia se hace menester ahora, ratificarnos y profundizar en lo que creemos ha sido esencial en el análisis, que es que al PUEBLO WAYUU le están faltando las fundamentales garantías que, precisamente, se dice tiene la etnia en los artículos de nuestra Constitución Política y en nuestro bloque de constitucionalidad, para referirnos sólo a lo que corresponde a la parte colombiana. Hoy no podemos prescindir del examen del respetable y atractivo anuncio político del Presidente Maduro, a propósito de ordenar el cierre de la frontera a la altura de Paraguachón, de aprovechar para luchar por las libertades del pueblo indígena y acabar con sus problemas ancestrales y contemporáneos, especialmente garantizarle su libre movilidad en territorio fronterizo. Suponiendo que tanta belleza sea verdad, o sea, que ello ocurra de forma fluida, correctamente, y se desarrolle de manera estricta, también la circunstancia nos permitirá transparentar con mayor claridad el mismo punto de la siguiente manera: en primer lugar, vamos a referirnos al quimérico paraíso prometido por la doctrina social de Maduro, que convertiría el caótico territorio de hoy, en soñado escenario de múltiples garantías y derechos, suponiendo que tanta belleza sea verdad, insisto, y no hay razón para dudarlo. En segundo lugar, la pregunta que necesariamente nos surge a borbotones es la siguiente: ¿qué pasará con la otra parte, la parte del territorio étnico dominada por la jurisdicción colombiana?. Ahí está el detalle, como dijera el célebre humorista mejicano, pero cualquiera que sea la respuesta hallada no modificará muy poco las conclusiones fáciles a que hemos llegado, a saber: a) se consolidará la ruptura del territorio wayuu, así se prediquen y practiquen la cacareada libertad de tránsito terrestre y otras garantías propias del pueblo indígena; b) se fracturará aún más la integridad autonómica del pueblo wayuu y se estimulará el creciente ritmo de la pérdida de la identidad colectiva del pueblo wayuu; y c) la conclusión más importante de todas será que no habrá ninguna decisión unilateral que sirva. Sólo podrán asegurarse temas como la autonomía, la dignidad humana, la identidad étnica, la integridad territorial, en fin, la seguridad jurídica del pueblo indígena, si todos estos derechos y garantías se otorgan mediante la suscripción de un instrumento internacional vinculante., suscrito por los dos estados nacionales.