jueves, 26 de febrero de 2026

 

LOS TURCOS EN MAICAO. (2)

Por Armando Pérez Araújo*

Las familias árabes más poderosas de Maicao son las que más dificultades han soportado y tenido que vencer a lo largo de decenas de años de trabajo y tesón. Podríamos resumirlo diciendo que son las que más han estado camellando en las verdes y las maduras. Algunas tuvieron que migrar porque simplemente no pudieron cumplir con su ciclo de dificultades, otros porque no encontraron las garantías necesarias para quedarse de por vida asentadas en La Guajira y crecer de acuerdo a sus respetables proyectos de vida. Algunos no aguantaron el dramático bajón del bolívar en aquél momento de estrangulación de la moneda venezolana. De todas formas, hay que reconocerlo, los que están aquí son un importante número de familias árabes y sus descendientes que se han quedado aclimatados en Maicao, han echado raíces, a pesar de los límites y sorpresas del sistema normativo aduanero y dificultades que han tenido que aguantar y soportar, entre otras, el flagelo del secuestro, robo, extorsión, incluso, la muerte de miembros de sus familias. Adicionalmente, a estos comerciantes de Maicao les ha tocado presenciar el retroceso en algunos temas de la economía local, como haber tenido aeropuerto y luego no tenerlo, o haber contado con un buen número de bancos comerciales y luego ver cómo fueron cerrados la mayoría por razones asociadas al despelote de la economía subterránea internacional que impactó indiscriminadamente a los habitantes de La Guajira. Les ha tocado presenciar cómo las pistas de aterrizaje del otrora activo Aeropuerto San José de Maicao y demás instalaciones del mismo, pasaron de ser zona de embarque de carga y pasajeros de aviones de Avianca, Taerco y La Urraca, para convertirse en edificios destruidos y terrenos litigiosos, de diferentes clases de poseedores, recientemente ocupados por migrantes venezolanos, que deambulan a lo largo de la frontera afrontando las peores condiciones sociales de vulnerabilidad, por diferentes razones. En algún momento los habitantes turcos de Maicao fueron cuestionados porque no hacían inversiones en esta ciudad, otras veces los responsabilizaban del atraso evidente de la ciudad, y es entonces cuando aparecen expresiones de desarrollo urbano moderno, como edificios, hoteles, restaurantes, bodegas y mejoras en sus locales comerciales.

Podríamos decir que el gran problema de los turcos, mejor dicho, del comercio de Maicao, de la sociedad wayuu, es decir, de toda la ciudadanía guajira, es que este asunto no ha sido correctamente diagnosticado. Los diferentes gobiernos han sido absolutamente torpes en el manejo de sus responsabilidades, los líderes turcos y los demás líderes no han tenido la adecuada orientación jurídica ni política. Los líderes indígenas menos, al contrario, han sido desconectados o marginados de las grandes discusiones nacionales del desarrollo respecto a la suerte del comercio de Maicao, en otras palabras, han sido desaprovechados o desperdiciados por los comerciantes de una u otra filiación o grupo. Aquella sociedad natural entre turcos, paisas y otros grupos establecidos en el comercio tradicional de Maicao con el Pueblo Wayuu, no ha funcionado por diferentes causas, pero la principal ha sido la discriminación territorial con el dueño del aviso, que quiéranlo o no es y seguirá siendo el Pueblo Wayuu. Cuando los habituales defensores del comercio de Maicao aducen los impactos negativos de las medidas del gobierno a la población nativa, sólo sacan a relucir como argumento mayor el desempleo que se generaría en coteros y caleteros del puerto indígena, que son los que cargan y descargan barcos y camiones, en la nómina de choferes de camiones y los de las llamadas camionetas moscas que son los que hacen el rol de contrainteligencia a las autoridades aduaneras o de policía, lo mismo que acuden a las mujeres wayuu tejedoras impactadas en su productividad por el obvio quiebre generado por las inadecuadas decisiones aduaneras y fiscales, lo mismo que el importante número de vigilantes indígenas que quedarían vacantes en los almacenes y bodegas de Maicao. Dicho de manera simple: la visión que se ha manejado en las reclamaciones y discusiones de este crucial e importantísimo problema es considerar al Pueblo Wayuu, así con mayúscula, como una simple población de indígenas, así con minúscula. Lo anterior equivale a que el drama de marras se ha manejado como un asunto normal aduanero y tributario, cuando lo que hay en el fondo es un horrible relajo legislativo con la normatividad constitucional colombovenezolana, tratados y convenios internacionales, relacionados con el efectivo respeto de los derechos humanos de los indígenas, especialmente los atinentes a la territorialidad del pueblo Wayuu. Por esa razón, en diferentes ocasiones hemos promovido edificar un ESTATUTO AUTONÓMICO para La Guajira, que en el lenguaje común equivaldría a una constitución política chiquita, hecha a la medida y características concretas de la realidad fronteriza, que no sólo sería la indispensable herramienta de protección y garantías jurídicas para la economía de los indígenas y otros derechos, sino también para la actividad comercial de criollos, cachacos y turcos de Maicao.

 *Candidato al Senado de la República

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