lunes, 13 de junio de 2011

Buen Ejemplo

El hombre que humilló a Chevron
El abogado ecuatoriano Pablo Fajardo logró contra el gigante petrolero la mayor indemnización de la historia por un atentado medioambiental
Pablo Ximénez de Sandoval, El País
6 June 2011

Cuando se licenció en Derecho, a los 32 años, el ecuatoriano Pablo Fajardo llevaba más de una década en los juzgados pleiteando contra una de las empresas más grandes del mundo. En 2005, se sentó en una sala de los juzgados de Nueva York, con una carpeta en la que llevaba la defensa de los pueblos indígenas que habitan la provincia amazónica de Sucumbíos. Frente a él, se sentaron ocho abogados en representación de la petrolera Chevron, demandada por verter lodos tóxicos sin control durante casi tres décadas. En total, se enfrentaba a 39 abogados pagados por la tercera empresa más grande de Estados Unidos. "El que menos, tenía 25 años de experiencia letrada", asegura Fajardo. Él, solo uno. "Pero yo tenía una ventaja", dice Fajardo. "No había que inventarse nada. Yo sólo tenía que contar una historia".

Es la historia de una catástrofe ecológica 30 veces mayor que la del vertido del petrolero Exxon Valdez, según los demandantes. También es la de una sentencia, dictada por un juez del pueblo de Lago Agrio, Ecuador, que fijó la indemnización más cuantiosa de la historia en una acción judicial por delito medioambiental: 8.560 millones de dólares. Entre medias, décadas de sufrimiento y muerte, en un lugar donde ya era suficiente sobrevivir a la miseria.
José Fajardo y María Mendoza dejaron la provincia de Manabí, en la costa de Ecuador, buscando un futuro en el noreste, donde una masiva actividad de extracción de petróleo atraía trabajadores. Se instalaron con sus 10 hijos a finales de los años ochenta en un pueblo llamado Shushufindi (remo, en idioma secoya), en la provincia de Sucumbíos, en plena Amazonia. Pablo Fajardo Mendoza era el quinto de los hermanos. Tenía 14 años.
Es difícil convencer a quien no haya estado allí nunca de que "había petróleo por todas partes". En el campo, mezclado con la tierra. En las casas, en el aire. Desde luego, en los caminos, porque según cuenta Fajardo los camiones de Texaco rociaban los caminos de tierra con petróleo, en una especie de asfaltado improvisado para que no se levantara polvo. Fajardo recuerda una juventud con los pies llenos de petróleo, los pantalones manchados, las paredes... todo. Es habitual perder el calzado por los caminos. Imagínese que sale a la calle después de haber caído un chaparrón y va en chancletas. Ahora imagínese que en vez de agua es petróleo. La vida aún es así en Sucumbíos.
356 pozos petroleros perforados
Según los datos de Fajardo, Texaco perforó 356 pozos de petróleo en la Amazonia ecuatoriana. "Pero además de esto, en cada pozo que perforaba construía cuatro o cinco piscinas para arrojar los desechos tóxicos". Ahí se almacenaba también el agua tóxica usada para extraer el petróleo. "La empresa siempre construía las piscinas de desechos lo más cerca posible a un río. La idea era deshacerse de ellos de una forma fácil y barata". Así, el problema del suelo se trasladó al agua. Esa agua llevaba azufre y otros tóxicos por su contacto con el petróleo. Al evaporarse, caía sobre la selva en forma de lluvia ácida. La tierra, el agua y el aire saben a petróleo.
Texaco, adquirida por Chevron en 2001, empezó a perforar el Amazonas del norte de Ecuador, en las provincias de Sucumbíos y Orellana, con una concesión del Gobierno en 1964. Salió de la zona en 1990 y dejó la explotación a Petroecuador. En aquella zona vivían al menos cinco tribus indígenas antes de que se llenara de trabajadores y de petróleo. Dos de ellas, Tetetes y Sansahuaris, han desaparecido para siempre. El envenenamiento de los ríos acabó con la pesca. El resto de las tribus pasaron de la economía de subsistencia en la selva a la miseria en la economía de mercado, trabajando para la petrolera.
Fajardo también trabajó para Texaco. No había mucho más. Era adolescente y trabajaba ayudando de peón en lo que salía, por ejemplo, tapar con tierra de cualquier manera un derrame de petróleo. Mientras, empezó a colaborar con una misión de religiosos capuchinos navarros, donde pudo estudiar y comenzó a ver qué era el "trabajo con las comunidades". "Al salir al campo te dabas cuenta de que el problema era real. Había contaminación, sus animales morían, sus hijos estaban enfermos, había cáncer, abortos... y la gente no tenía dónde recurrir". Recuerda que la única preocupación de las autoridades locales entonces era proteger a Texaco.
Alrededor de la misión de los padres capuchinos, puso en marcha el embrión de la resistencia, un comité de derechos humanos formado por campesinos e indígenas. Eran 50 personas organizadas por Fajardo. Tenía 16 años. Le echaron de la empresa petrolera y también de una palmicultora que era la única alternativa laboral. Acabó viviendo de su trabajo en la misión. "Los mismos curas me buscaron una beca, de una persona a la que no conozco, que financió mis estudios en la universidad". Estudió Derecho por correspondencia.
"Era una necesidad. Cada vez que recurríamos a una autoridad, nos decían 'busquen un abogado que los ayude". Decidió que él sería el abogado. El pequeño grupo creció con afectados de otros pueblos. El caso se hizo internacional con la publicación de un libro, Amazon Crude, de una abogada estadounidense llamada Judith Kimberling. Eso atrajo la atención necesaria para encontrar abogados que presentaran la primera demanda contra Texaco. Fue el 3 de noviembre de 1993, en un juzgado de Nueva York, por iniciativa de hasta tres abogados estadounidenses distintos atraídos por la historia. En 1994, el adolescente que había organizado a las comunidades afectadas terminó la enseñanza secundaria.
Juicio en Ecuador
La defensa de Texaco a partir de entonces se basó en decir que EE UU no era competente para juzgar el caso. De existir el daño, debía juzgarse en Ecuador. "Tenían influencia en el sistema político y judicial, estaban convencidos de que podrían controlar el juicio. Y de hecho era verdad". La sentencia tardó nueve años en llegar. Texaco ganó la batalla el 16 de agosto de 2002. La Corte de Apelaciones de Nueva York aceptó que el juicio se hiciera en Ecuador, con la condición de que se permitiera a los demandantes un año de plazo para rehacer su caso. La petrolera no tenía ni idea de lo que acababa de conseguir.
El 7 de mayo de 2003, dentro de plazo, se presentó de nuevo la demanda ante la Corte de Justicia de Sucumbíos. Pablo Fajardo colaboraba con los abogados estadounidenses y ecuatorianos que se habían hecho cargo de la causa. El quinto hijo de José Fajardo y María Mendoza se había graduado en Derecho en 2004. Al año siguiente, asumió el caso como abogado principal. La guerra de expertos y peritos llevó a hacer 106 informes periciales distintos, 58 de ellos financiados por Chevron, y el resto, de la otra parte. "Todos ellos demostraban la presencia de hidrocarburos".
Por entonces, todo este litigio lo estaba pagando un bufete de Filadelfia, Khon&Graf, para quien el caso de Texaco-Chevron era una inversión a riesgo. Es decir, si ganaban se llevaban parte de la indemnización, y si no, no cobraban. Basándose en un controvertido informe pericial, los afectados por el vertido reclamaban una indemnización de 27.300 millones de dólares, en la que estimaban el coste de las reparaciones por las muertes y las enfermedades más la limpieza completa de la zona.
"Hubo testimonios desgarradores. Conozco a gente que ha muerto durante el proceso. Por ejemplo, una mujer que tiene cáncer y su hija también. Todo era gente así, que lo había vivido". La gente contó ante el tribunal cómo sus familiares cayeron a los pozos tóxicos y murieron envenenados. "Una señora se cayó al intentar rescatar a su vaca, tragó petróleo y murió poco después". La incidencia del cáncer en la región es anormalmente elevada, según los denunciantes.
En 2004, ocho días antes de empezar la fase pericial del juicio, William Fajardo Mendoza, hermano de Pablo, fue hallado muerto. Tenía 28 años. Lo torturaron salvajemente antes de asesinarlo. "Yo no puedo afirmar que Chevron esté detrás", ha dicho siempre Pablo Fajardo, y lo mantiene. Por aquel entonces le advirtieron de que también lo buscaban a él. Lo comprobó una noche en que dos hombres armados hicieron guardia en la puerta de su casa, mientras él estaba escondido en la de unos vecinos. Tiene tres hijos, de 14, 7 y 3 años. Toda la familia se desperdigó por otros pueblos por seguridad.
Contaminación masiva de la altura de Chernóbil
Los demandantes que representa Fajardo (ya son un colectivo de 30.000 campesinos e indígenas) presentan el caso de contaminación masiva a la altura del de Chernóbil, el vertido del barco Exxon Valdez en Alaska o el reciente de BP en el Golfo de México. "La diferencia es que aquellos fueron accidentes. Pero en Ecuador, Texaco diseñó el sistema para contaminar. El objetivo era extraer petróleo con la menor inversión posible". Según uno de los peritos, en los 26 años que Chevron operó en Sucumbía se ahorró 8.500 millones de dólares incumpliendo las normas más elementales de seguridad y gestión de desechos.
Por la parte de Chevron, Fajardo ha escuchado en estos años todo tipo de argumentos. Entre otras cosas, dijeron que "el petróleo no contaminaba". También, "que la Amazonia era un terreno petrolero y que ahí no tenía por qué vivir nadie". En otro momento comentaron que "el cáncer se producía por la falta de higiene de los indígenas". También llegaron a decir "que el petróleo es biodegradable y a las pocas semanas no se notan sus efectos".
Lo último fue a partir de 2009. "Vieron que el juicio era una amenaza real". Presentaron 14 demandas distintas por todo Estados Unidos contra la plataforma de afectados y cualquiera que trabaje con ellos para exigir información. Y lo consiguieron. "Tienen todos nuestros correos electrónicos".
El 1 de febrero de 2010, Chevron planteó un caso de tipo RICO (Racketeer Influenced and Corrupt Organizations), la ley federal especial de Estados Unidos para el crimen organizado. La nueva tesis de Chevron es que los demandantes forman parte de una asociación criminal cuyo negocio es extorsionar a la compañía. Mientras, un empleado de Chevron intentó, cuenta Fajardo, sobornar al juez y grabarlo con cámara oculta, para demostrar que es supuestamente corrupto.
El 14 de febrero se emitió la histórica sentencia en el tribunal de Lago Agrio que condenaba a Chevron-Texaco a pagar 8.560 millones de dólares. Pero la empresa no tiene bienes en Ecuador, por lo que hay que embargar en el extranjero. Sin embargo, un juez llamado Lewis Kaplan, del Distrito Sur de Nueva York, decretó que la sentencia era inejecutable en EE UU mientras él no decida de nuevo sobre la competencia de los tribunales. "Este juez no conoce el problema. Ha emitido fallos para mí antijurídicos y con una convicción económica y no jurídica", dice Fajardo. Ambas sentencias, en Lago Agrio y en Nueva York, están recurridas por ambas partes. Un bufete de Washington llamado Patton Boggs se ha hecho cargo del caso por la parte ecuatoriana.
"Chevron ha dicho que no va a pagar. Pero tiene inversiones en 50 países, y la sentencia de Ecuador dice que la indemnización se puede cobrar en cualquier parte, no tiene por qué ser en Estados Unidos. Tendremos que obligarle a pagar", dice Fajardo. Es decir, tendrán que presentar nuevas demandas allí donde Chevron tenga bienes para embargárselos en cumplimiento de la sentencia de Ecuador. El juez Kaplan ha dejado claro que, por ahora, en Estados Unidos no va a ser. "Este juez actúa desde la ignorancia del caso y guiado por las mentiras de Chevron", dice Fajardo.
La historia continúa
La historia no ha terminado. Durante estos años, entre 20 y 30 millones de dólares han sido invertidos en la demanda por parte sobre todo de abogados estadounidenses que se han ido relevando en el caso y de las donaciones de todo el mundo que reciben los demandantes. Fajardo asegura que han podido saber de "fuentes de los accionistas", que Chevron gastó 300 millones de dólares en abogados solo en 2010, y el total en este litigio ya ha superado los 1.000 millones.
El hijo de dos campesinos analfabetos de Ecuador tendrá que volver a sentarse muchas veces con su maletín delante de las decenas de abogados que Chevron quiera poner en el caso. Y seguirá escuchando que el petróleo no contamina, que el problema de los indígenas es que no se lavan, que él preside una organización criminal. Durante 18 años, y los que queden, Chevron ha utilizado todas las estrategias de defensa imaginables. Todas menos una. Nunca ha podido negar que la tierra, el agua y el aire de Sucumbíos están llenos de petróleo. Sigue allí.




The Man Who Humbled Chevron
Ecuadorian lawyer Pablo Fajardo succeeded against the petroleum giant with the largest compensation in history for environmental crimes
By Pablo Ximénez de Sandoval, El País
6 June 2011
When licensed in law 32 years back, Ecuadorian Pablo Fajardo brought with him more than a decade of experience in lawsuit courts against one of the largest businesses in the world. In 2005, he sat in a New York courtroom, with a briefcase in which he carried the defense of the indigenous peoples that inhabit the Amazonian province of Sucumbíos. In front of him sat eight lawyers representing the oil company Chevron, accused of hazardously dumping toxic loads for almost three decades. In all, he faced 39 lawyers paid for by the third largest company in the United States. "The least of which had 25 years of experience in law," said Fajardo. He only had one year of experience. "But I have an advantage," says Fajardo. "I haven't had to make anything up. I only have to tell a story."
This is the story of an ecological catastrophe thirty times worse than the Exxon Valdez oil spill, according to the plaintiffs. It is also that of a sentence, dictated by a judge in the town of Lago Agrio, Ecuador, that signed for the most costly compensation demand in history in a judicial action for environmental crimes: 8.560 billion dollars. In between, decades of suffering and death, in a place where surviving the daily misery was already difficult enough.
José Fajardo and María Mendoza left the province of Manabí, on the coast of Ecuador, looking for a future in the northeast, where massive extraction activity was attracting workers. They settled with their ten sons towards the end of the 1980s in a pueblo known as Shushufindi (oar, in the Secoya language), in the province of Sucumbíos, in the heart of the Amazon. Pablo Fajardo Mendoza was the fifth of the brothers. He was 14 years old.
It is difficult to convince someone who has never lived in this region that "there is oil everywhere." In the fields, mixed with the earth. In houses, in the air. Of course, in the streets, because according to Fajardo, the Texaco trucks sprayed the dirt streets with oil, in a type of improvised asphalting so that the dust would not rise. Fajardo remembers a childhood with feet covered in petroleum, stained pants, the walls...everything. It is common to lose a shoe in the streets.
Imagine heading out onto the road after a downpour and you are walking in slippers. Now imagine that instead of water, it is oil flooding the streets. This is life in Sucumbíos.
356 Perforated Oil Wells
According to Fajardo's research, Texaco perforated 356 oil wells in the Ecuadorian Amazon. "But in addition to this, in each perforated well, Texaco constructed four or five pools to dispose of toxic waste." Here toxic water used to extract petroleum was also stored. "The company always constructed the waste pools as close as possible to a river. The idea was to dispose of the toxic loads in an easy and cheap manner." Therefore, the problem of the soil was transferred to the water. This water carried sulfur and other toxic substances from contact with the oil. When evaporated, it would fall in the forest in the form of acid rain. The earth, the water, and the air tasted like oil.
Texaco, acquired by Chevron in 2001, started to drill in the Amazon in the north of Ecuador, in the provinces of Sucumbíos and Orellana, with a concession from the government in 1964. They left the area in 1990 and passed the drilling on to Petroecuador. In this zone lived at least five indigenous tribes before it filled with oil workers. Two of these tribes, the Tetetes and the Sansahuaris, have disappeared forever. The poisoning of the rivers killed the fish. The rest of the tribes moved from a subsistence economy in the jungle to the misery in the market economy, working for the oil company.
Fajardo also worked for Texaco. There was not much else. He was an adolescent and worked as a laborer helping out, for example, to cover oil spills with earth in whatever manner. Meanwhile, he began to collaborate with a mission of religious Capuchins from Navarre, where he was able to study and started to see that it was "to work with the communities." "Leaving the field you realized that the problem was real. There was contamination, your animals were dying, your sons were sick, there was cancer, abortions... and the people had no where to turn." Remember that the only job the authorities had then was to protect Texaco.
Around the mission of the Capuchin priests, the embryo of resistance was launched, a human rights committee formed by farmers and indigenous peoples. Fajardo organized fifty people. He was 16 years old. They threw out the oil company as well as a palm plantation that was the only labor alternative. He ended up making a living through his work in the mission. "The same priests searched for a scholarship for me, from a person I did not know, that financed my university studies." He studied law by correspondence.
"It was a necessity. Every time we turned to the authorities, they told us 'look for a lawyer to help you.'" He decided that he would be the lawyer. The small group grew with those affected in other towns. The case became international with the publication of a book, Amazon Crude, written by Judith Kimberling, a United States lawyer. This attracted the necessary attention to find lawyers to present the first accusation against Texaco. It was the 3rd of November, 1993, in a court in New York, initiated by three US attorneys drawn to the story. In 1994, the adolescent that had organized the affected communities finished secondary education.
Justice in Ecuador
Texaco's defense thereafter was based on the fact that the US was not competent to judge the case. If there was damage, it should be judged in Ecuador. "They had influence in the political and judicial system, they were convinced that they could control the trial. And in fact this was true." The sentence was nine years late in arriving. Texaco won the battle in August 16th, 2002. The Appeals Court of New York accepted that the trial would be done in Ecuador, with the condition that the plaintiffs be permitted a period of one year to retry their case. The petroleum company had no idea of what had just been obtained.
On May 7th, 2003, inside the period, the accusation was presented again before the Justice Court of Sucumbíos. Pablo
Fajardo collaborated with US and Ecuadorian attorneys who had taken over the cause. The fifth son of José Fajardo and María Mendoza had graduated with a degree in law in 2004. The following year, he assumed the cased as the head attorney. The war of experts and technicians lead to 106 different expert reports, 58 of those financed through Chevron, and the rest, of the other party. "All confirmed the presence of hydrocarbons."
By then, all of this litigation was being paid for by a Philadelphia law firm, Khon & Graf, for whom the Texaco-Chevron case was an investment risk. This meant that if they won they would get paid a portion of the compensation, and if not, they would not charge. Based on a controversial expert report, the persons affected by the spill claimed $27.3 billon in compensation, the estimated cost of the reparations for the deaths, the illnesses, and the complete cleaning and recovery of the affected region.
"There were heart-breaking testimonies. I know people that had died during the lawsuit. For example, a woman and her daughter who both have cancer. All were people like this, that had lived this." The people told before the court how their relatives fell into the toxic wells and died from poisoning. "One woman fell trying to rescue her cow and swallowed the oil; she died soon after." The incidence of cancer in the region is abnormally high, according to the plaintiffs.
In 2004, eight days before starting the expert phase of the trial, William Fajardo Mendoza, Paulo's brother, was found dead. He was 28 years old. He was savagely tortured before being murdered. "I cannot affirm that Chevron is behind this," Pablo Fajardo always said, and he maintains this. By this time he was warned that they were also coming after him. This was evident one night when two armed men guarded the door of his house, while he was hidden in the home of one of his neighbors. He has three sons: 14, 7, and 3 years old. All of the family dispersed throughout other towns for security.
Massive Contamination on Par with Chernobyl
The plaintiffs that Fajardo represents (already a group of 30,000 fieldworkers and indigenous persons) present the case of massive contamination on par with that of Chernobyl, the oil spill caused by the Exxon Valdez ship in Alaska or the recent BP oil spill in the Gulf of Mexico. "The difference is that those were accidents. But in Ecuador, Texaco designed the system to contaminate. The objective was to extract petroleum with the least investment possible." According to one of the experts, in the 26 years that Chevron operated in Sucumbía, they saved $8.5 billion neglecting the most elemental norms of security and disposal of waste.
On the part of Chevron, Fajardo heard in recent years all types of arguments. Among other things, they claimed that "oil does not contaminate." Also, "that the Amazon is to be used for oil extraction and nobody should be living there." In another moment they commented that "the cancer was produced from the lack of hygiene on the part of the indigenous peoples." Also, they have started to claim "that oil is biodegradable and in a few weeks the effects will not be noticeable."
The last was 2009 onwards. "They have seen that the trial is a real threat." They presented 14 distinct accusations throughout the entire United States against that platform of the affected persons and whoever worked with them in order to demand information. And they obtained it. "They have all of our emails."
On February 1st, 2010, Chevron planted a RICO (Racketeer Influenced and Corrupt Organizations) case, the special US federal law for organized crime. Chevron's new theory is that the plaintiffs form part of a criminal association whose goal is extortionate the company. Meanwhile, an employee of Chevron, tells Fajardo, to bribe the judge and record it on a hidden camera, to show that he was supposedly corrupt.
The 14th of February, the historic sentence was issued in the courtroom of Lago Agrio that condemned Chevron-Texaco to pay $8.560 billion. But the company did not have property in Ecuador; this is why they had to be repossessed outside of Ecuador. Nonetheless, Lewis Kaplan, a judge from the South District of New York, decreed that the sentence was unenforceable in the US while he remained undecided over the competence of the courts. "This judge does not know the problem. He has issued wrongful rulings and an economic conviction, not a lawful one," says Fajardo. The two parties lean upon the sentences in Lago Agrio and New York. Patton Boggs, a law firm in Washington, has taken up the case on the part of the Ecuadorian plaintiffs.
"Chevron has said that they are not going to pay. But they have investments in 50 countries, and the sentence in Ecuador says that the compensation could be charged in whichever part, it does not have to be in the United States. We will have to obligate them to pay," states Fajardo. This means that they must present new demands there where Chevron has properties that can be seized to fulfill the sentence issued in Ecuador. Kaplan, the judge, has clearly stated that, for now, in the United States it will not happen. "This judge acts from ignorance regarding the case and is guided by Chevron's lies," claims Fajardo.
The Story Continues
The story is not finished. During recent years, between 20 and 30 million dollars have been invested in the lawsuit by US attorneys in particular that have been relieving in the case, and donations that the plaintiffs receive from around the world. Fajardo claims that they have knowledge from "shareholder sources" that Chevron spent $300 million on lawyers in 2010 alone, and in total in this litigation they have already surpassed $1 billion.
The Ecuadorian son of illiterate fieldworkers will have to return to sit many times with his briefcase in front of the dozens of attorneys that Chevron wants to put on the case. And he will continue to hear that the oil does not contaminate, that the problem of the indigenous people is that they do not bathe, that he presides over a criminal organization. During 18 years, and those that remain, Chevron has utilized all defense strategies imaginable. All except one. Never have they been able to deny that the earth, the water, and the air of Sucumbíos are full of oil. And so it continues.

Translated from Spanish to English by Amazon Watch

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