LA PRÓXIMA GUAJIRA (3)
Por Armando Pérez Araújo
Me he puesto a mirar por dónde debo continuar en el camino de
esta serie de opiniones mías sobre prioridades para la Guajira que deseamos y necesitamos
construir entre todos. Digamos que lo importante es seguir con que lo primero
es lo primero, es decir, que lo que es urgente para la gente ahora es acceder al derecho de acceder a los
derechos. Y no se trata de un galimatías o un enredado trabalenguas, lo
explico así: Después de saber cómo enfrentar la vagabundería de nuestro sistema
electoral y darle tránsito a una figura inclusiva y democrática de
participación a favor del respeto efectivo a la Diversidad Étnica y Cultural,
lo que sigue es ponernos de acuerdo en cómo implementar el Acuerdo de Paz en
algo que no tiene o que no debería tener ninguna discusión y que es obviamente
vital para nuestras posibilidades de desarrollo endógeno. El punto clave es el Desarrollo Integral del Campo, que de
conformidad a lo acordado en La Habana " depende
de un adecuado balance entre las diferentes formas de producción existentes ─agricultura familiar, agroindustria, turismo, agricultura comercial de
escala─ de la competitividad y de la necesidad de promover y fomentar la
inversión en el campo con visión empresarial y fines productivos como condición
para su desarrollo; y de la promoción y fomento, en condiciones de equidad, de
encadenamientos de la pequeña producción rural con otros modelos de producción,
que podrán ser verticales u horizontales y en diferente escala. En todo caso se
apoyará y protegerá la economía campesina, familiar y comunitaria procurando su
desarrollo y fortalecimiento." Traducido esto a la práctica social significa
que hay que hacer cualquier ejercicio gubernamental para estimular y aumentar
la productividad familiar o asociativa del campo sin arriesgar ni dejar de
proteger al productor campesino individual, a la familia productiva como tal,
tampoco al aspecto comunitario de la sociedad campesina, el cual debe a toda
costa desarrollarse y fortalecerse. La presencia del Estado debe dejar de ser
una simple frase vacía y convertirse en un factor actuante y solidario, con
especial énfasis en el campo de La Guajira. Entristece en demasía que en La
Guajira de hoy hay casos de familias y comunidades asentadas muy cerca de los
ríos, qué tal que no lo estuvieran, sin embargo no tienen agua para beber,
cocinar, mucho menos para el riego de sus cultivos. Las escuelas no funcionan o
no funciona el transporte de niños para acceder a ellas, etcétera. Aquí es
donde tiene sentido entender el elemental concepto de integralidad, que no es
otra cosa que asegurar la real y mayor productividad del campo, "mediante programas que acompañen el acceso efectivo a la tierra, con
innovación, ciencia y tecnología, asistencia técnica, crédito, riego y comercialización
y con otros medios de producción que permitan agregar valor. También asegurar
oportunidades de buen vivir que se derivan del acceso a bienes públicos como
salud, vivienda, educación, infraestructura y conectividad y de medidas para
garantizar una alimentación sana, adecuada y sostenible para la población." En varias ocasiones hemos planteado que el
mencionado acompañamiento tiene toda la validez para quienes siguen la triste
aventura de continuar en el campo, a pesar de sus carencias, dolores y
pobrezas, pero es de advertir y resaltar que también constituirá la mejor
fórmula para atraer el retorno del campesino que vive en medio de la inopia de
las ciudades, aunque rodeado de algunas ventajas que no poseen ellos, ni mucho
menos sus hijos en edad de estudios universitarios.
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