lunes, 22 de noviembre de 2010

Normatividad Wayuu, Patrimonio Inmaterial de la Humanidad (UNESCO) (Tomado de Semana)

Los palabreros wayuu resuelven los conflictos de su comunidad basándose en la compensación y no en el castigo.
RECONOCIMIENTO
Incluidos en la Lista de Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, los palabreros wayuu deben aprender a asumir las posibles consecuencias políticas de este reconocimiento. Sábado 20 Noviembre 2010
El martes de la semana pasada, dos manifestaciones culturales tradicionales colombianas fueron escogidas para formar parte de la Lista de Patrimonio Inmaterial de la Humanidad que desde 2003 hace la Unesco, que cuenta ya con 213 elementos. En ella están desde la manera como silban los habitantes de la isla española de La Gomera hasta el diseño y las técnicas tradicionales chinas de construcción de puentes con arcadas de madera; así como los hombres voladores de México o las estatuas humanas de Cataluña; el tango y el flamenco; el teatro ritual del Himalaya y la ópera del Tíbet.

Ahora, el sistema normativo wayuu y los cantos tradicionales del Pacífico Sur son parte de las 47 manifestaciones de todo el mundo que este año entraron a engrosar la lista, de la que ya hacían parte el Carnaval de Barranquilla, el espacio cultural del Palenque de San Basilio, el Carnaval de Negros y Blancos de Pasto y las procesiones de la Semana Santa de Popayán.

La lista parece caprichosa. Como dice la ex ministra de Cultura Paula Moreno, en cuya gestión comenzó la tarea de estas dos postulaciones, "existen millones de manifestaciones culturales en el mundo y se seleccionan anualmente las que representan un recurso y un elemento representativo no solo para las naciones, sino para la humanidad".

Pero no es una lista exenta de polémica. Algunos antropólogos piensan que es producto de la culpa bienpensante del primer mundo y que ser nombrado en ella entraña un enorme riesgo de folclorización de esas prácticas. Es decir, que de manifestaciones genuinas y espontáneas o rituales vivos pasen a convertirse, en un mundo cada vez más conectado, en un simple espectáculo.

Acá el riesgo radica en que "se pierda la esencia de la manifestación y que termine convertida en algo para vender", advierte el antropólogo Leonardo Bohórquez. Y es que el turismo puede llevar a que las manifestaciones culturales de un grupo humano se congelen en el tiempo y terminen convertidas en los estereotipos que reclama la retina del turista."Hay una situación paradójica: se quiere preservar una manifestación cultural, se evita que cambie. Pero la vida de una cultura surge de su movilidad", agrega el filósofo Carlos Barbosa, quien ha estudiado el tema.

Dos tradiciones muy distintas

Tanto los hermosísimos sonidos de las marimbas de chonta como el conjunto de cantos del Pacífico Sur colombiano fueron postulados a lista de la Unesco por el Ministerio de Cultura. De esta entidad misma nació la propuesta. Pero en el caso del sistema normativo wayuu, el asunto fue al revés. Fue un grupo de palabreros quienes acudieron al Ministerio para pedir mecanismos para fortalecer su espacio de autoridad moral, su lugar como interlocutores claros con el mundo exterior.

Y es que son dos tradiciones de muy distinto orden: mientras que las unas constituyen una bella manifestación musical (y quizás por ello entrañen un mayor riesgo de folclorización), en el caso de los wayuu aquello del 'sistema normativo' se refiere a un sistema de autoridad moral y regulación de su sociedad: el palabrero dirime los conflictos de su gente. Lo que se ha premiado es todo un conjunto de ideas ancestrales y prácticas de justicia que no coinciden necesariamente con las ideas de justicia consignadas en la Constitución del 91, que rigen la vida jurídica de los colombianos no wayuu. Por ejemplo, no comparten la idea del castigo y el aislamiento social que identifica las prácticas de justicia de Occidente. Para ellos, es mejor la práctica de la compensación del agresor al agredido, pero nunca la cárcel.

Qué tiene de bueno

¿De qué les sirve entonces a los palabreros wayuu este reconocimiento?

La primera gran consecuencia es la visibilidad. Para la ministra de Cultura, Mariana Garcés, "cuando una manifestación se declara patrimonio se le está diciendo al resto de colombianos no solo que es importante, sino que existe".

La ex ministra Moreno agrega: "Este reconocimiento implica compromisos de los gobiernos y la veeduría internacional para que se tomen las medidas para que esta manifestación permanezca como un recurso renovable y como elemento permanente de la memoria global".

Pero en el caso del sistema normativo wayuu el asunto es menos teórico. La visibilidad que les da haber sido incluidos en la lista puede servirles para constituirse en una autoridad más fuerte a la hora de enfrentarse a los políticos guajiros y las redes clientelistas, tan comunes en la política local de su departamento.

Porque este nombramiento viene con recursos económicos. Las manifestaciones reconocidas por la Unesco tienen derecho a recibir el 50 por ciento del 4 por ciento de los recursos que por concepto del IVA a la telefonía celular se giran a cada departamento. Esto equivale, en el caso de La Guajira y para el 2010, a un monto cercano a los 200 millones de pesos. También, el sello de la Unesco les abre las puertas para gestionar recursos en el exterior y ante la empresa privada mediante una figura que, como sucede con el cine, establece deducciones de impuestos para empresas que destinen recursos para salvaguardar el patrimonio.

Adriana Molano, coordinadora del grupo de Patrimonio Inmaterial del Ministerio de Cultura, no cree que el tema del dinero sea crucial: "Lo más importante es que el tema de la plata no es la primera necesidad. Esta es la necesidad de entender, valorar, reconocer y que se comprometa en la salvaguardia". Para ella, "lo importante es que haya organización, porque si no, vienen los problemas". Algo así ocurrió en San Basilio de Palenque, en donde no se contaba con un plan de salvaguardia cuando llegó la inclusión en la lista. El antropólogo Patrick Morales recuerda cómo en este caso "hubo una expectativa en torno al mejoramiento de las condiciones de vida que no se cumplió en la medida en que los fondos llegaron de una manera gradual y lenta. Hubo decepción".

El reto es grande. En el caso de los palabreros wayuu, el peligro no parece estar en el estatismo o la folclorización sino en el delicado lugar que la junta de viejos palabreros debe asumir para gestionar sus recursos frente a las prácticas políticas corruptas. Ellos no son políticos. ¿Deben terminar, por ejemplo, gestionando transferencias?

La respuesta del Ministerio de Cultura frente a estos riesgos se concentra en los planes especiales de salvaguarda. Desde 2008, por cuenta de la Ley 1185, toda comunidad que pretenda que una de sus manifestaciones culturales sea considerada patrimonio debe elaborar uno. Ellos permiten tener claro qué traerá la declaratoria y qué manejo se le dará en el futuro a la manifestación.

Hay que esperar entonces que los políticos guajiros sepan respetar los planes de salvaguarda de la comunidad wayuu, y que el sistema normativo de esta logre fortalecerse frente a ellos. Porque la inclusión de esta manifestación en la lista de la Unesco, en este caso, sí debe acabar de entenderse como un poderoso instrumento político para preservar el sentido profundo, mítico y ritual de su propia cultura, pero también el derecho a la sostenibilidad de su forma de vida y a la armonía en la interlocución con ese otro mundo que los rodea y que es mayoritario: el del mundo no wayuu.

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