martes, 30 de noviembre de 2010

Plantas colombianas medicinales. Interesante Artículo, tomado de Unimedios.

En sangre humana, comprueban beneficio cardiovascular de plantas colombianas
Por: Luis Miguel Palacio, Unimedios
En hojas de jigua, aguacatillo y laurel amarillo, plantas pertenecientes a la familia de las lauráceas, químicos de la Universidad Nacional de Colombia encontraron 52 sustancias puras, entre ellas 13 nuevas para la ciencia, que demostraron una importante acción antiinflamatoria y contra enfermedades cardiovasculares. Los extractos son 60% más seguros que algunos fármacos como la aspirina.
La familia de las lauráceas está integrada por un diverso grupo de plantas de gran importancia económica en el mundo como el aguacate, el laurel y el canelero, comunes en Brasil y Colombia, donde son utilizadas ancestralmente en la medicina de los pueblos indígenas Awá, del Alto Albi en Nariño.

Sin embargo, el Grupo de Investigación en Productos Naturales Vegetales (GIPNV), de la Universidad Nacional de Colombia, evidenció que en los departamentos de Magdalena, Caquetá y Antioquia, gran variedad de estas especies son utilizadas para tratar enfermedades que obedecen a desórdenes inflamatorios o problemas cardiovasculares como asma, artritis, complicaciones reumáticas, mastitis y arteriosclerosis.

Cifras del Instituto Nacional de Salud en Colombia registraron 57.607 muertes durante el 2009, debido a enfermedades del aparato circulatorio.

¡A descubrir lauráceas!
Al tanto del historial de usos de estas plantas en la medicina tradicional, el grupo inició el estudio de tres especies: jigua (Pleurothyrium cinereum), aguacatillo (Ocotea macrophylla) y laurel amarillo (Nectandra amazonum), para determinar su contenido de sustancias antiinflamatorias y de beneficio cardiovascular.

Tan solo en Colombia existen cerca de 150 especies de lauráceas, y más del 60% no se han estudiado lo suficiente, entre estas las tres especies citadas. La investigación comenzó con una travesía en bosques de varias regiones del país. Así se logró recolectar especímenes en Nariño, Cundinamarca y en la espesura del Amazonas, en la estación biológica El Zafire de la UN.

El extracto
Luego de colectar y clasificar las muestras, llegar al extracto era una tarea decisiva para los científicos. Por eso, tomaron las hojas por separado y las pusieron en contacto con etanol, sustancia disolvente, durante siete días.

La mezcla adquirida fue filtrada para retirar el disolvente y luego se sometió a un proceso de destilación del cual salió solo el extracto: una pasta o melcocha sobre la cual se hicieron los análisis correspondientes para evaluar sus características benéficas.

¡Eureka! Allí estaba el resultado.
De las tres especies estudiadas se obtuvieron 52 sustancias puras, 13 nuevas para la ciencia, lo cual implica la posibilidad de que tengan funciones diferentes para usos farmacológicos.

Ocho de los 52 extractos demostraron una actividad eficaz y segura (es decir que no son tóxicos para el organismo), superior entre un 15% y un 25% a la de medicamentos utilizados comúnmente para inflamación, por ejemplo, el ibuprofeno.

Un compuesto antiinflamatorio es aquel que inhibe la hinchazón en cualquier parte del organismo, y actúa a través de una o varias vías, por ejemplo evitando la acción de una enzima llamada ciclooxigenasa, que produce compuestos proinflamatorios. En pruebas in vitro y utilizando sangre humana, las sustancias nuevas, entre estas una denominada 9–nor–isolicarina–B, impidieron el efecto de la enzima.

“Se sabe que para tratar los problemas cardiovasculares, estrechamente relacionados con disfunciones en el corazón y el sistema circulatorio, es necesario detener la acumulación de las plaquetas que pueden taponar las arterias en ciertas situaciones, y esto se hace por medio de analgésicos como la aspirina”, dijo Ericsson Coy, doctor en Química y autor principal de esta investigación.

Los compuestos hallados en las lauráceas –cinerinas y otros– mostraron una efectividad similar a la de este medicamento, pero un 60% más segura, pues no ocasionaron úlceras u otros efectos secundarios en el aparato digestivo. Así quedó evidenciado en ensayos realizados en laboratorio, en los cuales las sustancias no transformaron la ciclooxigenasa, parte fundamental a nivel gástrico e intestinal.

Algunas de las enfermedades cardiovasculares más frecuentes son la arteriosclerosis y la trombosis, cuyos tratamientos actuales se realizan usualmente mediante la inhibición de la agregación plaquetaria.

“Esta investigación no solo descubrió sustancias químicas nuevas en la naturaleza, que posiblemente serán utilizadas en formulaciones farmacéuticas después de que pasen procesos de segunda y tercera fase, sino que desarrolló una reacción química para acceder –a escala de laboratorio– a las estructuras químicas dadas por la naturaleza”, indicó Luis Enrique Cuca, investigador principal del GIPNV.

¿Una nueva reacción?
A pesar de los hallazgos, una limitante en la extracción de sustancias de origen vegetal es su cantidad. Por ejemplo, obtener alrededor de 10 miligramos del compuesto de la hoja implicaría deshojar un árbol. ¡Grave problema, pues generalmente estos crecen de forma silvestre!

Por esta razón, el grupo obtuvo gran parte de los compuestos a escala de laboratorio. Para ello, fabricaron sustancias orgánicas basándose en un proceso creado por el químico Richard F. Heck –gracias al cual le otorgaron el Premio Nobel de Química 2010–, que permite la unión de moléculas orgánicas de forma más eficiente, con el fin de obtener artificialmente sustancias que solo se dan en la naturaleza.

El GIPNV, en colaboración con el Grupo de Química de Productos Naturales de la Universidad de Postdam (Alemania), realizó modificaciones a lo planteado por Heck para crear una reacción química que permitió obtener cantidades superiores de cinerinas a las que se hubieran podido extraer de la planta. Este procedimiento para sintetizar sustancias es novedoso, anunció en marzo pasado Organic Letters, publicación de la Asociación Americana de Química.
El estudio, que también fue portada de la revista inglesa Organic and biomolecular chemistry en mayo del 2010, abre nuevas posibilidades para incorporar en la industria farmacéutica sustancias no solo efectivas para palear enfermedades, sino más seguras que las conocidas actualmente.

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